Lo que se dijo, recogido
Por donde te venga bien: la extensión que lee los subtítulos de la videollamada, un audio que subes —también si la sesión fue presencial—, o el texto pegado tal cual. Las tres funcionan hoy y acaban en el mismo sitio.
Terminas la sesión y ya está escrito lo que odias hacer. La nota, en tu voz. Tus clientes ordenados, sin perder a nadie ni olvidar un seguimiento. Y nada sale sin tu visto bueno.
Cada una resuelve un dolor concreto y ninguna te pide aprender nada nuevo. Tú atiendes como siempre; el back-office repetitivo que hay detrás lo hace Holimata.
Por donde te venga bien: la extensión que lee los subtítulos de la videollamada, un audio que subes —también si la sesión fue presencial—, o el texto pegado tal cual. Las tres funcionan hoy y acaban en el mismo sitio.
Terminas y la nota interna de esa sesión está hecha, con tu criterio y en tu voz. La revisas, la corriges si hace falta, y ya está. Es lo mejor del producto y lo que más tiempo devuelve.
Fichas con su estado y su próxima acción. Las sesiones quedan colgadas de la persona a la que pertenecen, numeradas y por fecha, y el histórico se construye solo.
En qué punto de tu servicio está cada cliente, con el resumen de lo que ha pasado en cada sesión. Sin perder a nadie por el camino ni olvidar un seguimiento.
Tus plantillas, tus servicios, tus estados, tu manera de decir las cosas. Se configuran para ti, no se programan: el mismo motor se comporta como tu sistema.
Ninguna sesión se archiva sola en una ficha y nada llega a tu cliente sin que tú lo apruebes. Lo primero lo impide la base de datos, no la pantalla.
Sin configurar inteligencias artificiales y sin pedirte que aprendas nada nuevo. Se implanta contigo, con tus fichas y tu manera de trabajar, y a partir de ahí funciona por debajo.
Nos escribes, hablamos un rato y vemos si Holimata te sirve. Si encaja, recibes una propuesta por escrito con lo que se implanta y cuánto cuesta. Sin tarjeta y sin compromiso.
Nos cuentas a quién atiendes y cómo trabajas. Si acordamos traer tu cartera desde donde la tengas hoy —un Excel, otro programa, una libreta—, entra en la propuesta y tus fichas están el primer día.
Se monta tu espacio con tus fichas, tus plantillas y tu criterio dentro, y se conectan tus entradas. Desde ahí, cada sesión que hagas acaba escrita y en su sitio.
Hecho para quienes ya facturan pero siguen atados a tareas que ningún humano debería hacer a mano. Si vives de acompañar a personas una a una, Holimata se calla los procesos para que tú no te calles a tus clientes.
Dos íes. Dos cabezas. Dos historias que se cruzaron en la misma frustración: querer dejar de cambiar tiempo por tareas que ningún humano debería seguir haciendo. Holimata salió de ahí — primero lo necesitábamos nosotros.
“Soy doctor en física teórica y sigo investigando en genómica. Me dedico a la terapia porque me obsesiona el principio debajo del principio. Holimata salió de querer dejar de cambiar mi tiempo por tareas que ningún humano debería hacer ya.”
“Soy ingeniera de telecomunicaciones. Me dolía el corazón no poder ir al parque con mi hija porque estaba emitiendo facturas e informes. Construimos Holimata para que esa parte — el cuidar, el acordarse, el seguir — no dependa de mi cabeza. Ni de la tuya.”
Holimata no se compra desde esta web con una tarjeta. Se implanta contigo: tus fichas, tus campos, tu manera de trabajar. Por eso el precio sale de una propuesta y no de una tabla — y por eso te lo damos por escrito antes de que firmes nada.
Nos cuentas a qué te dedicas y cómo llevas hoy el seguimiento de tus clientes. Salimos sabiendo si Holimata te sirve — y a veces la respuesta es que no.
Qué se implanta, en qué plazo y cuánto cuesta. Sin cupos que contar ni letra pequeña sobre consumos: lo que vaya a variar con el uso viene dicho antes de firmar.
Se firma, se implanta con tus datos y empiezas. Puedes llevarte todo lo tuyo cuando quieras: lo pides en quince días y lo entregamos en sesenta como máximo.
No. Holimata está hecho para profesionales que viven de sus clientes, no de la tecnología. Si sabes usar un calendario y un correo, sabes usar Holimata. Y no lo montas tú: la implantación la hacemos contigo.
Cifrado en tránsito y en reposo, y los datos de cada profesional aislados de los de las demás por la propia base de datos. Diseñado para operar bajo el RGPD: sobre el material de tus clientes tú eres la responsable y nosotros actuamos como encargado del tratamiento. Tu información y la de tus clientes no se vende ni se usa para entrenar modelos; solo se trata con proveedores necesarios bajo contrato (DPA). Cuáles son, dónde están y qué garantías se aplican está en la política de privacidad y, con detalle, en el anexo de tu contrato.
De tres maneras, y las tres funcionan hoy: la extensión de Chrome, que lee los subtítulos que genera la propia videollamada mientras hablas; un audio que subes al terminar, que es la vía cuando la sesión ha sido presencial; o el texto pegado tal cual, si ya lo tienes transcrito. Elige la que te encaje: las tres acaban en la misma ficha. La extensión no toca el micrófono ni la cámara — lee lo que la plataforma ya escribe en pantalla.
Tú, siempre. Al terminar, Holimata propone a qué ficha pertenece y tú lo confirmas con un clic. Ninguna sesión se archiva sola, y no es una norma de la pantalla: lo impide la base de datos. El sistema anterior lo hacía solo y se equivocaba a menudo, en silencio.
No tienes que generar claves ni contratar nada con otras empresas. Si el servicio que contratas tiene costes que varían con el uso, aparecen dichos en tu propuesta antes de firmar, con su unidad de medida y sus límites.
No te pedimos que cambies de herramientas. Traer tus fichas desde donde las tengas hoy —un Excel, otro programa, notas sueltas— y las integraciones que necesites se acuerdan en la propuesta y entran en el contrato: así sabes antes de firmar qué está incluido y qué no.
La primera sesión capturada y colgada de su ficha suele bastar para ver qué hace. La diferencia en tu semana se nota cuando el histórico empieza a existir sin que lo mantengas: a partir de la tercera o la cuarta.
Está en español y funciona desde cualquier país. Lo que sí cambia de un sitio a otro es la parte legal y fiscal, así que si trabajas fuera de España conviene decirlo en la primera conversación.
Te llevas todo lo tuyo: lo pides dentro de los quince días siguientes al fin del contrato y te lo entregamos en sesenta como máximo, en un formato estándar. Después dejamos de tratar los datos por tu cuenta y los borramos o te los devolvemos. Lo que la ley obliga a conservar —las facturas, por ejemplo— queda bloqueado y a disposición solo de jueces y administraciones.
Iván (terapeuta, físico teórico, doctorando en genómica) e Isa (ingeniera de telecomunicaciones, experta en patrones inconscientes). Construido primero para nuestras propias consultas. Si no nos sirve a nosotros, no sale.
Escríbenos y te contamos qué haría falta en tu caso. Si ya sabes lo que necesitas, pide una propuesta y te contestamos con una concreta.
Lo que nos cuentes se usa solo para contestarte, como explica la política de privacidad.